PASO DEL DESCENDIMIENTO  

La Cofradía del Descendimiento cuenta con una de las obras escultóricas más importantes del siglo XIX en Aragón.

Tras la Guerra de la Independencia y la voladura del convento de San Francisco, la Hermandad de la Sangre de Cristo se sitúa en la Real Capilla de Santa Isabel de Portugal. En 1813, comenzó la realización de nuevos pasos, ya que los que poseía habían quedado destrozados, a excepción del Cristo de la Cama.

El 19 de mayo de 1847 en Capitulo Extraordinario, se decidió llevar a cabo la realización del paso del Descendimiento de la Cruz a cargo del escultor José Alegre, según diseño presentado por él mismo de ocho figuras, con un coste de 1.000 reales de vellón por cada una de ellas. No fue realizado conforme al boceto inicial, pues una de las figuras, la octava, no llegó a realizarse. El escultor tomó como modelo una pintura de Pedro Pablo Rubens que se encuentra en la catedral de Amberes.

El material usado para la elaboración del conjunto escultórico fue madera de pino, aunque en algunas partes también se utilizaron maderas de peral o cerezo. En cuanto a su estilo artístico, es un claro ejemplo del barroco aragonés.

La escenificación del paso es de gran monumentalidad y complicada composición, donde unas figuras van unidas a otras, formando con la cruz -eje central- y las escaleras un conjunto piramidal. En este conjunto se pueden diferenciar claramente dos grupos.

El primer grupo de figuras unidas a la Cruz representan en lo más alto un joven, que podría ser Longinos -según los evangelios apócrifos-, sobre el otro brazo de la Cruz se situaría José de Arimatea, Cristo en el centro de la escena, y sujetándolo desde abajo Nicodemo y San Juan.

El segundo grupo de figuras que asisten a la escena, está formado por la Virgen en actitud iconográfica de “Mater Dolorosa” y María Magdalena.

Para la Semana Santa de 1848 ya estaban realizadas cuatro figuras de las siete previstas: Cristo, Longinos, José de Arimatea y San Juan, cobrando 4.000 reales de vellón por todas ellas. Estas imágenes únicamente estaban estucadas y policromadas con colores lisos, y así salió por primera vez a la calle en la procesión del Santo Entierro de ese mismo año. Desde entonces, la obra se iría dilatando en el tiempo, por las ocupaciones del escultor.

La siguiente figura en realizarse sería la de Nicodemo, a la que siguieron la de la Virgen María y Santa María Magdalena, hasta que en la Semana Santa de 1851 salió completo con las siete figuras que lo componen en la actualidad.

El paso quedaba completado con un paño que situado en el suelo en primer término contenía clavos, tenazas y corona de espinas y sabanilla para descender a Cristo. No tenía greca pero sí llevaba faldas, y se iluminaba con faroles de hojalata y cristal con una vela interior o mechero acetileno, situados en los ángulos y las mitades de los lados que conformaban la peana.

Inicialmente el paso se portaba a hombros durante las procesiones, por los llamados Terceroles, contratados por la Hermandad de la Sangre de Cristo.

En 1908 el Sindicato de iniciativas de Aragón convocó un concurso para la reforma de la procesión del Santo Entierro. Ganó el concurso Don Mariano Oliver Aznar y Don José Nasarre Larraga. La reforma, muy polémica entre las gentes de la cultura, se fue llevando a cabo de manera progresiva, siendo en 1913 el primer Santo Entierro que se ajustó al proyecto de cambio. Para ello, el paso fue nuevamente estucado y policromado en tonalidades modernistas -de moda en esa época-. A su vez y debido a su gran peso, el Misterio fue carrozado.

Con la fundación en 1939 de la Cofradía, la Hermandad de la Sangre de Cristo cede en usufructo el paso, correspondiendo las labores de cuidado y mantenimiento a la propia Cofradía.

Fue en 1944 cuando la Cofradía llevaría una reforma y restauración para el enriquecimiento de todo el paso, encargándosela a los hermanos Albareda. Las esculturas fueron policromadas y encarnadas nuevamente. Dicha policromía se realizó por la técnica del estofado, lo que enriqueció aún más si cabe el acabado de las tallas.

Para la iluminación se encargaron cuatro bellísimos faroles de forja al artista Manuel Tolosa Sábado y, para completar el conjunto, también se le añadió una greca a lo largo de toda la carroza.

En esos mismos años se añadió una corona en bronce con filigrana y piedras a la imagen de la Virgen del paso del Descendimiento.

En 1974 se llevó a cabo la sustitución del chasis de la carroza y se cambió por completo su iluminación.

El 1 de Abril de 1981 se desplomó el techo de hormigón del almacén donde se guardaban los pasos de la Hermandad de la Sangre de Cristo. La zona del almacén más afectada fue la parte donde debería estar ubicado el Paso del  Descendimiento, aunque casualmente el día anterior el paso había sido movido para permitir el desplazamiento de otras carrozas que se guardaban en ese mismo almacén.

Tras este desafortunado episodio, al tratarse de un paso de grandes dimensiones y al no contar con un sistema hidráulico que permitiera reducir su altura, la carroza tuvo que depositarse a la intemperie bajo un cobertizo durante un año, en el semiderruido Convento de San Agustín.

Todos estos incidentes provocaron que el estado de las figuras llegara a ser crítico. La humedad, el polvo, las pequeñas piedras que habían impactado en las esculturas dejando marcas, los dedos rotos en algunas imágenes y el óxido del barniz, habían llegado a dejar totalmente opaco su color y sus formas escultóricas se encontraban totalmente diluidas.

Al año siguiente, la Hermandad de la Sangre de Cristo facilitó un nuevo almacén pero la altura era insuficiente para que el Paso del Descendimiento puediera ubicarse en su interior.

Ante la imposibilidad de dejar el paso en la Iglesia de Santa Isabel –por entorpecer el culto de la misma-, se convocó una reunión de urgencia para buscar una ubicación alternativa. Tras valorar las distintas opciones, el paso es depositado en la capilla de San Ignacio de la Iglesia de Santiago hasta encontrar una solución definitiva.

Será ya finalizada la Semana Santa de 1983 cuando se adopten las medidas necesarias para resolver el problema que se venía arrastrando durante varios años. Se decidió realizar un nuevo chasis al que se le instaló un sistema accionado por un gato hidráulico, bombín y sirgas, que permitían el ascenso y descenso de una plataforma central, integrada por cinco de las siete figuras.

Aprovechando esta situación, se preparó el cambio de greca, colocándole la que anteriormente había sido del paso del Ecce Homo donada por esa Cofradía.

Junto a las labores de la peana o carroza se procedió a la tan necesitada restauración de las esculturas. Tras solicitar varios presupuestos a diversos artistas, se elige una de las tres posibilidades que el artista Francisco Rallo presentó. Consistente en la consolidación, saneamiento de la madera, reparación de las innumerables grietas de los basamentos, reparación de descascarillados que aparecían por todas las imágenes y reposición de los dedos rotos. Una segunda fase consistió en restaurar las encarnaciones. Quedando sin recuperar la policromía de las vestiduras de las imágenes.

Todas estas reparaciones y otras de menor importancia recuperaron el esplendor que el paso merecía tener, así como permitir guardarlo por fin en 1985 en el almacén de pasos.

Será ya en 1996  cuando el paso vuelve a tener una nueva restauración: Se retocó y perfeccionó el sistema hidráulico, se realizó una nueva greca con las características de la anterior, se recuperó la policromía de las vestiduras de las figuras -fase que no se pudo realizar por problemas económicos en la restauración de 1985- y se realizó un repaso general a todos los desperfectos producidos en el transcurso de los últimos diez años.

A partir de ese año, en el que quedan restauradas las figuras, transcurrió un periodo de diez años en el que al convivir con otros pasos en el mismo almacén de la Hermandad de la Sangre de Cristo, el efecto de la carcoma apareció transmitiéndose de unos pasos a otros. Por esta razón, en 2006 se llega a un acuerdo común por el que todas las Cofradías que tuvieran algún paso alojado en este almacén se ponen manos a la obra para realizar un tratamiento anticarcoma común y cortar de raíz el problema.

Durante los traslados del Paso para montaje y desmontaje y, dado el deterioro de la estructura de la carroza, esta se rompió, y se decidió -dado el presupuesto para la reparación- hacer una nueva y aprovechar para solucionar algún otro problema como sistemas de faldas, dirección, etc. Para ello en 2007, se realiza un proyecto de nueva carroza, cambiando las dimensiones del anterior, elevando la plataforma central, ampliando el recorrido del hidráulico, ensanchando y alargando la plataforma para poder separar los faroles y las figuras y dar una mejor perspectiva al conjunto colocando una gran greca con cuatro torreones en sus esquinas.

En 2008, Talleres Juste, realiza la estructura del carro, hidráulico eléctrico y plataforma del suelo, siendo el taller de Restauración de Gloria Téllez, el encargado del montaje y desmontaje del conjunto escultórico y su restauración, así como de la realización de la greca que rodea el paso. Dicha greca, se realizó originalmente lisa para en años posteriores adornarla mediante figuras talladas. A su vez se proyecta una nueva instalación eléctrica. Las nuevas dimensiones obligan a cambiar las faldas, siendo las nuevas de terciopelo morado, complementándolas en 2011, con una nueva sobrefalda de terciopelo morado, a modo de pendón, con el anagrama de la Cofradía bordado en hilo color plata, en el frontal del Paso.

En 2012 se decidió ornamentar la nueva greca mediante ocho figuras esculpidas en los casetones de cada esquina de la carroza (San Ignacio de Loyola, San Francisco Javier, San Luis Gonzaga, San Estanislao de Kotska, San José de Pignatelli, La Virgen de la Anunciación y dos calvarios en recuerdo de la escena de la crucifixión y posterior descendimiento), además del escudo de la Cofradía y el símbolo del desclavado en las partes centrales de la greca. Dichas figuras, esperamos estrenarlas en la Semana Santa de 2015, con motivo de los actos conmemorativos del 75 Aniversario de la fundación de la Cofradía.

Actualmente, el paso de Misterio del Descendimiento, siempre ensalzado en la prensa zaragozana de todas las épocas como el más monumental de la Semana Santa, se encuentra en el mejor estado de conservación de su larga vida.

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